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Intoducción catálogo. Vacio 9, 2003
Miguel Cereceda

Eliana me pide que le escriba un texto para el catálogo de su exposición en Vacío 9. Quedo con ella en su casa y me enseña su trabajo. Desde hace tiempo ha venido interesándose por la relación con la naturaleza. La naturaleza, me dice, es el único espacio de expansión y de intimidad que nos va quedando. Me pide que lea un texto suyo y luego me muestra un vídeo. Leo el texto. Es aparentemente muy sencillo. Tan sólo quiere ser como una pequeña introducción a la contemplación del vídeo. Escribe sin embargo cosas que mi estómago de profesor de filosofía empiezan a rumiar.

Al principio dice algo que me divierte, y que me recuerda las declaraciones de Nam June Paik, el padre del video-arte, sobre su trabajo; pues también Eliana se refiere a su filmación como “pintura en movimiento”, habla de los distintos cuadros “digitales” y de “pinceladas impresionista” en sus imágenes. Luego cuenta cómo se ha organizado la música, interpolando los sonidos naturales. Pero no es nada de esto lo que me inquieta. Lo que me preocupa en realidad es la vaga idea de “naturaleza” a la que Eliana Perinat trata de acercarse en su trabajo. Y es aquí donde para mí las cosas se complican. Pues me veo en la contradicción de acercarme a un trabajo que me resulta gratificante y seductor, atractivo e interesante. Pero empiezo a considerar que pueda estar construido sobre categorías filosóficas confusas, equívocas, nostálgicas o trasnochadas. Y entonces la contradicción se agudiza.

Eliana me pregunta: “¿Es que no te gusta mi trabajo?”. A lo que obviamente respondo que no se trata de eso. Que no se trata de una cuestión de gusto, sino de una cuestión de concepto. Que para mi la idea que ella tiene de la naturaleza es falsa, y que sobre una idea falsa no es posible montar una exposición verdadera. Esto me obliga entonces a volver al principio y a preguntarme para qué se escribe un texto. Eliana es inteligente y brillante, y además escribe muy bien. ¿Para qué necesita entonces que yo le escriba nada? ¿Cuál es la función de los textos en un catálogo?

Es cierto que ninguna de las cosas verdaderamente importantes de la vida se hace en absoluto silencio. Al nacer, el bautismo nos otorga el nombre y la palabra, y al morir no sólo elevamos una oración fúnebre de despedida y de consuelo, sino que también tratamos de conmemorar las últimas palabras del difunto. Ni siquiera el amor, y menos que nada el amor, se hace en silencio. Antes de la batalla los generales profieren una arenga para sus soldados, y antes de la sentencia el juez le otorga la palabra al reo.

Pero no sólo las cosas trascendentes están precedidas o coronadas de palabras. A veces también las intrascendentes y fugaces. Al final del Banquete de Platón, Alcibíades Lacedemonio irrumpe en la sala al frente de un tropel de borrachos, incitando a todos los presentes a entregarse a la bebida sin mesura. Aunque nadie parece oponerse, tan sólo Erixímaco, el médico interpone una pequeña objeción: “Pero bueno, Alcibíades –le dice– ¿es que vamos a beber simplemente como los que tienen sed, o tendremos que decir unas palabras delante de la copa?”.

La función de un texto preliminar es en ocasiones semejante a estas palabras de Erixímaco. No tienen más sentido que el de invitar al espectador a disfrutar de la contemplación de la obra y a animarle a que socialice su disfrute, esto es, a que lo verbalice él también. Invitan a que cada uno no vea para sí la exposición, sino a que comparta sus emociones y sus sentimientos con los otros. Pero es cierto también que esta función del texto escrito es ociosa y redundante. Pues el texto no funciona en general como palabra preliminar para la exposición –de hecho, no es nada habitual que la gente se lo lea antes de verla–, sino para el catálogo. Además, la exposición no necesita de presentación. La obra se presenta a sí misma. Eso es lo que quiere decir ex-poner. Algo se muestra ante los ojos, se dispone para ser visto y contemplado, y allí de algún modo la palabra sobra. La función de un texto es más bien otra. La función de un texto es la de desvelar, o revelar. Por así decir, consiste en permitir ver mejor de lo que uno ha visto. A veces esto simplemente se consigue relatando lo que uno ve. Porque no sólo lo que uno ve y lo que uno sabe no es lo que todos ven y reconocen, sino también porque así la palabra orienta y dirige la mirada. Y así la mirada recorre la exposición desde lo más conspicuo a lo más inadvertido, y reconstruye, de la mano de la palabra, un hilo conductor para lo visto: una historia.

Yo intento en principio tratar de hacer esto tan sólo. Y contarle al espectador lo que yo veo. O tal vez debo decir mejor lo que yo he visto, puesto que nunca es lo mismo lo que un artista te enseña en su casa y lo que luego puede verse en la sala de exposiciones. Aunque sean las mismas piezas y las mismas obras, el montaje y la disposición es diferente, y entonces el sentido cambia. A veces uno le da importancia a cosas que no la tienen, simplemente porque la conversación se desvió hacia allí, pero luego resulta que las cosas importantes eran otras. Tal vez sea esto lo que a mí me pasa.

Y lo que yo he visto en casa de Eliana son, aproximadamente, las siguientes cosas:
En primer lugar, unas raíces que brotan del techo. Ella habla de una especie de artesonado de raíces. Me gusta la idea, aunque pienso que el montaje de la sala variará considerablemente con respecto a lo que yo veo. Pienso que la imagen de algo que arraiga por encima de nuestras cabezas es muy llamativa, y pienso que el espacio escénico del techo en general no suele ocuparse en las salas de exposiciones. También pienso que esas raíces colgantes recuerdan algo el trabajo de Adolfo Schlosser, jugando con elementos naturales, con palos, con piedras y con raíces. Eliana me enseña, en segundo lugar, su vídeo sobre los cuatro elementos. Lo contemplo con delectación. Es muy bueno. Está realmente muy bien. Incluso me gusta la música. Me sorprende mucho su idea de los cuatro elementos: fuego, tierra, agua y aire. Viendo la proyección me doy cuenta de que no es fácil captar visualmente los elementos y de que, además, de algún modo los cuatro están muy entrelazados. Independencia visual parece tener el agua. Pero el agua sólo se ve
como contraste entre el reflejo del cielo y el fondo pedregoso de la tierra. Tampoco el aire y el fuego tienen vida propia y exenta. No es posible conseguir una imagen del aire, sino tan sólo de sus efectos sobre los árboles, los pájaros o las flores. Lo mismo sucede con el fuego. Tampoco el fuego arraiga sino en la leña, en la hojarasca o en las velas. Algo evanescentemente humano aparece en esta naturaleza primigenia y pura. De la idea de tierra me sorprende que Eliana Perinat haya enfocado su objetivo más que sobre la tierra abierta de los campos, sobre las rocas de la costa. Como si las rocas fuesen menos terrosas, menos terrenales que la arena o la tierra del mantillo vegetal. Del humus, del que la propia palabra “humano” recibe su nombre.

Luego Eliana me enseña sus cuadros. Veo uno sobre fondo blanco que parece una gigantesca ampliación de un grano de polen (pienso en Novalis) y ella me dice que se titula Esqueleto de flor. Veo otro rojo, fascinante. Eliana me dice que es un campo de amapolas. Pienso en Renoir y en su célebre Campo de amapolas. En el cuadro de Eliana el rojo configura el fondo, mientras los tallos parecen conformar un magnífico campo de batalla sobre sangre, que me recuerda algunos cuadros de Anselm Kiefer. Veo un tercero apaisado, que se titula Ramificaciones, y un cuarto que muestra una de esas marañas que el viento hace con los elementos vegetales en los territorios desérticos. Lío de viento lo denomina Eliana. Después me enseña algunas otras piezas. Unas esculturas colgantes, a la manera de los móviles de Calder, hechas con maderas encontradas en la playa. Árboles de mar, los denomina ella. Una confusión de caracoles sobre arena, que ella quiere ordenar cuidadosamente recomponiendo la estructura en espiral del propio cuerpo de la caracola. Se trata de una especie de mandala, me dice.

Luego me enseña una fantásticos dibujos, de gran colorido, sobre unos papeles muy rugosos y absorbentes. Se trata de papeles traídos del Nepal, me dice. Y yo quedo absorto ante su contemplación, y me pregunto, ¿qué puedo decir yo de todo esto? Es evidente que para Eliana se trata de una idea contemplativa de la Naturaleza. A ella le gusta escribirlo con mayúscula, y ya esa mayúscula empieza a ponerme algo nervioso. Aquí la función del arte es puramente mediadora. El arte tan sólo trata de atrapar la emoción pura de la contemplación de la Naturaleza. Un contacto espiritual íntimo con el universo. Le digo que esa es una concepción mística y tardorromántica de la naturaleza, como la de Joseph Beuys o como la de Novalis. Y ella me objeta que se trata tan sólo de la primacía de las sensaciones. Se trata –me dice–de abrirse a la verdad de la contemplación directa, incontaminada y pura. Que la Naturaleza nada tiene de místico ni de religioso. A lo que replico lo que decía Hegel de las emociones, “que es la sorda región indeterminada del Espíritu”, y que en cualquier caso el trabajo del arte ya es una reelaboración racional de la emoción. Ya no es desde luego la emoción directa y pura, y tampoco puede gozar de sus prerrogativas. Ya el propio arte, le digo, es una interpretación. Lo mismo que el texto que uno escribe al principio de un catálogo, para tratar de desentrañar el significado de las obras.

Y esto sí que es una presunción, pues el texto, que en principio se presentaba ingenuamente como una mera invitación a la mirada, ahora pretende erigirse nada menos que en intérprete autorizado de la obra. Pero esto es en realidad lo que el texto propone con respecto a la obra: una lectura, una interpretación.

Muchos son sin embargo los artistas que se resisten a la interpretación. El propio Joseph Beuys, con quien el trabajo de Eliana Perinat, mantiene secretas conexiones, insistía en que interpretar le parecía antiartístico, y en que si él hubiera podido decir con palabras lo que quería expresar con sus acciones y sus obras, simplemente lo habría escrito y no habría ejecutado tales acciones o tales obras. Por ello también Susan Sontag se rebeló contra la hermenéutica, insistiendo en que en realidad el verdadero arte no precisa de una interpretación, sino más bien de una erótica, es decir de una mirada cómplice, seducida y apasionada.

Interpretar quiere decir volver comprensible un lenguaje incomprensible. El intérprete traduce un lenguaje que no entendemos a otro con el que estamos más familiarizados. Y esto constituye no sólo un disparate para el texto, sino también una extraordinaria presunción. Pues el que contempla una obra sin duda la entiende más íntima y más directamente que quien se lee un texto para acceder a ella. Ni el vídeo ni los cuadros, ni las raíces ni el mandala necesitan de ninguna explicación. El que contempla intuye directamente su belleza y su verdad. Era lo que decía Schiller en Kallias, bella es una obra que se explica a sí misma, que no requiere de ninguna explicación ulterior. Cuando la obra nos toca directamente no hacen falta palabras.

Pero en rigor eso tampoco es cierto, pues son precisamente las más fascinantes obras de arte las que más explicaciones e interpretaciones suscitan. Es justamente cuando la obra nos conmueve, cuando nos volvemos hacia ella preguntando ¿qué me llama?

Por eso el texto preliminar se esfuerza en decir, de otra manera, lo que la obra dice. La interpreta, y para ello el crítico tiene varias opciones: la más elemental es la de tratar de volver a contar, más o menos con buenas palabras, lo mismo que el artista le ha contado. La otra es la de tratar de pensar y discutir no sólo lo que el artista le ha contado, sino también lo que la obra misma ambiciona y piensa. Porque esto a veces pasa: que la obra misma expresa sentimientos, pensamientos, referencias e intenciones, en las que el artista mismo nunca había reparado.

Eliana Perinat no sólo quiere codificar una emoción primigenia en su trabajo. Quiere también abrirnos a una fascinación por la superioridad de la intuición sensible, frente a la sequedad arbitraria del concepto. Quiere acercarnos a la Naturaleza a través del arte. Ella lo ha escrito con mucha claridad en su propio texto introductorio:

Nuestra forma de vida, generalmente alejada del entorno natural y la certeza de su deterioro está produciendo la necesidad de “naturaleza pura”: materialidad en cuanto tal. Corresponde al legítimo deseo de una experiencia sensitivo concreta de las cosas, materias y procesos. Así, a través de una nueva conciencia, poder captar la esencia de la Naturaleza que, también es la nuestra, y comprender la estrecha interrelación entre todo.

Podría tal vez ahora tratar de discutir esta idea de Naturaleza. Podría intentar mostrar su desarrollo y su elaboración histórica. Podría también entrar a discutir el extraño carácter místico intuitivo de esa pretendida relación con el todo, y tratar de desvelar sus raíces psicológicas. Pero ya no creo que esa sea la tarea de un texto preliminar para introducir a la contemplación de unas obras de arte.


Ramificaciones, 1998

Catalogue presentation. Vacio 9, 2003
Miguel Cereceda

Eliana asks me to write a text for her exhibition catalogue at Vacio 9. I meet her at her house and she shows me her work. She has been interested in the relationship with nature for quite some time, and tells me that nature is the only remaining space for expansion and intimacy. She asks me to read one of her texts and shows me a video. I read the text. It is apparently very simple, just an introduction to the contemplation of her video. However some of the things she writes get this professor of philosophy's mind going.

She starts out with some things I find amusing and remind me of Nam June Paik, the father of video art; Eliana also refers to her films as "pictures in movement", and talks about "digital paintings" and "impressionistic brushstrokes" in her images. She then tells me how the music has been composed, interpolating natural sounds. But none of this is what disturbs me. What troubles me is the vague idea of "nature" that Eliana Perinat tries to approach in her work. And it is here where I feel things get complicated. I face the contradiction of approaching a body of work that feels appealing and seductive, attractive and interesting. But I start considering that the philosophical premises on which this work is built might be confused, ambiguous, nostalgic or dated. And then the contradiction is sharpened.

Eliana suggests that I might not like her work. I obviously answer that this is not the case. It is not a matter of taste, but one of concept. To me, her idea of nature is a false one, and a true exhibition can not be built on a false idea. This, in turn, leads me back to the beginning, to inquire about the function of text. Eliana is intelligent and brilliant, and also writes very well. What does she need my writing for? What is the purpose of text in a catalogue?

It is true that none of the really important events in life take place in silence. At birth baptism gives us a name; at death not only do we raise funeral prayers for farewell and comfort, but we also commemorate the deceased person's last words. Before a battle generals rally their troops, and before passing a sentence the judge will grant the accused a chance to speak up.

But words precede not only transcendent events; some times what is fleeting and superficial is accompanied by words as well. At the end of Plato's Banquet, Alcibiades breaks into the hall leading a drunken mob and exhorts everybody to join him in a drinking spree. No one seems to oppose and only Eriximacus, the doctor, raises a minor objection: "Tell us, Alcibiades, are we going to drink like those who are thirsty, or shall we pronounce a few words before our drinks?”

On some occasions the function of a preliminary text is similar to Eriximaco's words. It has no other purpose than to invite the spectator to enjoy the contemplation of the works of art, encouraging him to socialize this enjoyment, to verbalize it. It is an invitation to share one's emotions and feelings with others, instead of keeping them to oneself. But it is also true that such a function of text is leisurely and redundant. Texts generally appear as a foreword to the catalogue rather than to the exhibition - it is highly unusual for anybody to read them before seeing the exhibition. Moreover, exhibitions need no presentation. The works present themselves. This is the meaning of exposition, ex-pose. Something is shown before our eyes, to be seen and contemplated, and somehow words are unnecessary here. Text has a different function, as it attempts to reveal, to unveil. It provides a better vision of what has already been seen. Sometimes this is accomplished by simply stating what we have seen. What one sees and knows is not necessarily what everybody else sees and recognizes, and words can direct and focus our eyesight. e look at the xhibition exploring everything, from what is conspicuous to what is most unnoticed, and through words we reconstruct a thread of all that has been seen: a history.

This is what I intend to do. And I also pretend to tell the spectator what I see. Or better, what I have seen, since what an artist shows at her house and what is exhibited at the gallery is never the same. Even if the pieces and works are the same, the lay out and installation are different, and then the meaning changes. Sometimes one concentrates on things that are not important, just because of a drift in the conversation, and it then turns out that what was important was something else. Maybe this is my case.

And what I have seen at Eliana's house is the following: In the first place, roots that sprout from the ceiling. She talks about a ceiling panel made of roots. I like the idea, although I think the installation at the gallery will be significantly different from what I have seen. I think the image of something that is rooted above our heads is remarkable; I also think of how the scenic space of the ceiling is normally left empty at exhibition halls. These hanging roots remind me of the work of Adolfo Schlosser, playing with natural elements, sticks, stones and roots. Eliana then shows me her video on the four elements. I watch it delighted. It is very good. It is really good. I even like the music. I'm surprised by her idea of the four elements: fire, earth, water and air. Watching the film I realize that the elements are visually difficult to capture, and that they are somehow intertwined. Water seems to be visually independent, but it can only be seen as a contrast between the reflection of the sky and the rocky bottom of the seabed. And neither fire nor air have a free life of their own. It is impossible to capture an image of air, what we see is its effect on trees, birds or flowers. The same applies to fire. Fire needs wood, dead leaves or candles. Something evanescently human appears in this primitive and pure nature. I am surprised that Eliana's idea of earth focuses more on the coastline rocks than on the open fields. As if rocks were less earthy than sand or humus, the word that gives us humans our name.

Afterwards Eliana shows me her paintings. I see one with a white background that seems like a huge amplification of a pollen grain (it reminds me of Novalis), and she tells me it is titled "Flower Skeleton". I see another red one, fascinating. She tells me it is a poppy field. I think of Renoir and his famous poppy field. In Eliana's painting the background is red and the stems seem to conform a magnificent blood stained battlefield that reminds me of some of Anselm Kiefer's paintings. I see a third one titled "Ramifications" and a fourth one that shows tumbleweed, sculpted by the desert wind. Eliana calls it "Wind Bundle". She shows me some other pieces. There is a hanging sculpture, à la Calder, made of wooden sticks that were washed up on the beach. She calls it "Sea Trees". There is a mess of snails and sand that she wants to arrange carefully reconstructing the spiral structure of a snail's shell. It is a sort of mandala, she tells me.

Then she shows me amazing drawings, very colorful, done on a very absorbent and rough paper. The paper is from Nepal, she says. As I contemplate in amazement I ask myself: what can I say about all this? It is obvious that Eliana has a contemplative idea of Nature. She likes to write it like that, with a capital N, and this makes me a little nervous. Here the function of art is to work strictly as a mediator. It only tries to capture the pure emotion of the contemplation of Nature. An intimate spiritual contact with the universe. I tell her that this is a mystical and late-Romantic concept of nature, just like Josef Beuys' or Novalis'. She replies that it is just the primacy of sensations. It is about opening up to the truth of direct, unpolluted, pure contemplation; there is nothing mystical or religious about Nature, she says. I reply quoting Hegel on emotions, "that undetermined and deaf part of the Spirit", and assert that in any case the work of art is a rational rehash of emotions. It is no longer the direct and pure emotion nor can it enjoy its prerogatives. Art itself is an interpretation, I tell her. Just as the text one writes for the catalogue, an attempt to discover the meaning of the works.

And this is really a presumption, since the text, which was originally presented as an invitation to glance, now pretends to turn into the authorized interpreter of the works. But in reality texts only offer a reading, an interpretation.

Many artists have resisted interpretation. Even Joseph Beuys, with whom Eliana Perinat's work maintains secret connections, insisted that interpretation was anti-artistic, and that if he were able to say with words what he meant to express through his actions and works he would have done so. Susan Sontag also opposed hermeneutics, insisting that true art needs no interpretation, only complicity, seduction and passion.

To interpret means to make a language understandable. An interpreter translates from an unfamiliar language into another one we know. But applied to text this is not only an absurdity, but also an extraordinary presumption. Whoever contemplates a work of art understands it more intimately and directly than somebody who has only read a text about it. Neither the video, nor the paintings, roots nor mandalas need any explanation. This is what Schiller said in Kallias: a work that explains itself, one that needs no further explanation, is beautiful. When a work touches us directly there is no need for words.

But in strict terms this is not true either, since the most fascinating works of art are the ones that inspire the most explanations and interpretations. It is precisely when we are touched by a work of art when we ask ourselves what is it that moves us.

This is why a preliminary text attempts to say the same thing the work is expressing in a different manner. It interprets the work, and here the art critic has several options: the most simple is to try to state again what the artist has said. The alternative is to try to think and discuss not only what the artist has told him, but also what the works themselves set forth in terms of their own ambition and thoughts. Indeed, this sometimes happens: the work expresses feelings, thoughts, references and intentions that the artist was never aware of.

But Eliana Perinat not only wishes to encode a primitive emotion in her work. She wants us to surrender to a fascination with the superiority of intuition, as opposed to the arbitrary dryness of concepts. She has written it out very clearly in her own introductory text: the combination of our lifestyle, generally removed from natural environments, and the certainty of the destruction of such environments is resulting in a need for "pure nature": materiality as such. It corresponds to a legitimate desire for a concrete sensorial experience of things, materials and processes. Here, a new awareness will enable us to capture the essence of Nature, which is also our own essence, and understand the close interrelation among everything in the Universe.

I could discuss this idea of Nature. I could try to show its development and historic evolution. I could also discuss the strange mystical intuitive quality of this assumed relationship with the Universe and try to unveil its psychological roots. But I don't think this is the task of a preliminary text for the contemplation of a few works of art.